07 marzo 2012

El Día Internacional de la Mujer | 08 marzo

Por: Wilfredo Pérez Ruiz

El 8 de marzo se celebra el “Día Internacional de la Mujer” -por acuerdo de la asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas (1977)- con la finalidad de recordar los esfuerzos de quienes bregaron para alcanzar la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo.

Los antecedentes de esta efeméride tienen sus orígenes en diversos sucesos. Uno de ellos es cuando un grupo de costureras de Nueva York que, apoyadas por su sindicato, ocuparon la fábrica textil donde laboraban para exigir paridad de salarios y una jornada de trabajo de diez horas (1857). Este movimiento terminó con un incendio y la muerte de 146 obreras.

Tiempo más tarde, esta conmemoración es propuesta por la alemana Clara Zetkin (1910) -integrante del Sindicato Internacional de Obreras de la Confección- en el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas efectuado en Copenhague (Dinamarca). Había participado en pro de la mujer en 1886 y asistió al Congreso de la Segunda Internacional Socialista en París, asumiendo el derecho de las damas al trabajo y a la intervención en asuntos nacionales e internacionales. También, exigía la protección de madres y niñas.

El 8 de marzo de 1917 en Rusia -como consecuencia de la escasez de alimentos- las mujeres se amotinaron y marcaron el comienzo de la revolución bolchevique que derivó en la caída del zar Nicolás II y en el establecimiento de un gobierno provisional que, por primera vez, concedió a la adulta la potestad de votar. Por la relevancia de este suceso se situó esa fecha -en el calendario gregoriano- como Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Han pasado las décadas y con satisfacción observamos sus conquistas y, especialmente, su exitosa inserción en los distintos quehaceres de la actividad humana. Su progreso abre un campo de nuevas realizaciones y competencias no solo en el mundo profesional. Como dijera la ex primera ministra británica Margaret Thatcher: “En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él”.

A lo largo de la historia existen damas de meritoria fama artística, pedagógica, política y social merecedoras de nuestra evocación en esta circunstancia. Una lección de existencia que constituyen referentes de emprendimiento y superación en un medio aún hostil y adverso. A continuación un recuento del legado de varias de ellas a las que rindo homenaje.

La controvertida María Kodama, pareja del genial escritor Jorge Luis Borges, su confidente, secretaria y, finalmente, su consorte. Colaboró en la elaboración de sus libros “Breve antología anglosajona” y “Atlas”, testimonios de los viajes de ambos alrededor del mundo; Indira Ghandi, estadista, estratega política, activa luchadora por la independencia de la India -dirigida por Mahatma Gandhi- y primera ministra; Manuela Sáenz -conocida como la “Libertadora del Libertador”- la socia sentimental de Simón Bolívar que lo salvó de la muerte, permaneció a su lado en la gesta de Junín y en su deceso en Santa Marta. Ricardo Palma la trató y recogió sus vivencias para las “Tradiciones peruanas”.

Guardo respeto por la viuda del periodista nicaragüense y líder de la Unión Democrática de Liberación, Pedro Joaquín Chamorro, asesinado cuando -desde el diario La Prensa de Managua- combatía la tiranía de Anastasio Somoza. Su esposa Violeta Barrios, de temple ejemplar y firme, integró la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional al triunfar la revolución del Frente Sandinista de Liberación Nacional (1979). Resultó electa presidenta de Nicaragua en 1990.

En el siglo XIX el Perú tuvo dos rebeldes autodidactas, pioneras del periodismo, las letras e infatigables críticas de los absolutismos conservadores: Clorinda Matto de Turner y Mercedes Cabello de Carbonera. La escritora María Emma Mannarelli refiere: “…Cada una enfrentó a los poderes serviles y tutelares; la servidumbre y el caudillismo militar. Ambas mujeres terminaron sus vidas de una manera que habla mucho de lo que estaba ocurriéndoles: Matto en el exilio y Cabello en el manicomio”.

Matto de Turner condujo la gaceta “La Bolsa” de Arequipa (es la primera mujer en dirigir un periódico en Sudamérica), era propietaria de la imprenta “La Equitativa” y autora de la afamada novela “Aves sin nido” (1889). Un verdadero éxito editorial en el que formula un análisis de la educación y el indio. Por su parte, Cabello en su libro “Blanca sol” (1889) cuestiona los matrimonios por conveniencia y rompe las claves del ejercicio del poder en el país. Mannarelli afirma: “…Era particularmente importante ver quién se casaba con quién”. El columnista Ismael Pinto en su publicación “Sin perdón y sin olvido”, señala: “…Cuestiona (Cabello) la educación de la época. En su artículo ‘Una industria para la mujer’, propone que esta podía estudiar medicina, fotografía, imprenta, entre otras cosas”.

Otros ámbitos han contado con la contribución de destacadas exponentes femeninas que dejaron huella. Juana Larco de Dammert, promotora de la campaña “gota de leche”, ahora conocida como vaso de leche. Inició –a principios del siglo XX- lo que, actualmente, se denominan guarderías infantiles y clubes de madres. Fue sensible, solidaria y valiente.

Magda Portal, poeta reconocida por la intelectualidad peruana. José Carlos Mariátegui calificó sus versos como una voz poética y renovadora. Fundadora del Partido Aprista Peruano, impetuosa, ilustrada y vanguardista en un período en donde su rol era marginal; Blanca Varela González, considerada una de las poetas más notables de esta zona del continente; Doris Gibson Parra del Riego (hija del dramaturgo Percy Gibson Moller), curtida editora, fundadora de la revista Caretas y defensora de la libertad de expresión. Su carácter aguerrido y temperamental -según refería mi padre cuando era funcionario de dicho semanario- le facilitó enfrentar la censura militar durante la década de 1970.

Una conciudadana excepcional era Violeta Correa Miller. Reportera, secretaria y esposa del presidente Fernando Belaunde Terry. Primera dama (1980-1985), discreta, sencilla y consecuente con sus convicciones democráticas; Rosa “Mocha” Graña Garland, polifacética, señora del arte y la cultura, a quien tuve el placer de conocer. Sus vivencias denotaban profundidad y pasión. Para algunos Mocha fue la última “tapada” de Lima; Isabel “Chabuca” Granda y Larco, cantautora y folclorista que ofreció una infinidad de valses criollos y autora de “La flor de la canela”.

Mi consideración por César Vallejo me inspira aludir a su viuda, la complicada e impredecible francesa Georgette Marie Philippart, quien compartió su visión del viejo continente, sus aventuras literarias y padecimientos. Siguiendo sus huellas Georgina vino al Perú a pasar sus últimos años. Cultivó amistad con Raúl Porras Barrenechea, Arturo Salazar Bondy, Mario Vargas Llosa y Pablo Macera, entre otros. Falleció atrincherada en su incesante riña por hacer respetar el espíritu y obra del poeta de Santiago de Chuco.

Los peruanos tendremos siempre una deuda de gratitud con la matemática alemana María Reiche, célebre investigadora de las enigmáticas líneas de Nazca. Su perseverancia y entrega para examinar los dibujos de las pampas sureñas la hicieron ganarse la admiración nacional. Recibió tardíos honores y escaso apoyo en sus labores; las historiadoras contemporáneas Mariana Mould de Pease y María Rostworowski Diez Canseco, renombradas y acuciosas pensadoras. Sus enfoques sobre nuestro pasado nos ofrecen una interpretación profunda; la pintora Gabriela León Velarde, única compatriota que exhibe sus retratos en el Museo del Vaticano por haber ganado el concurso de la Santa Sede (1975) para ilustrar la portada del libro conmemorativo de la beatificación de Juan Masías.

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